Durante el primer tiempo, Costa Brava se mostró superior en el desarrollo del juego, generando varias jugadas de peligro. La CAI, en cambio, apostaba por una estrategia más defensiva, tratando de salir al contragolpe en busca de oportunidades, las cuales encontró en un par de ocasiones.

En los primeros 15 minutos, el trabajo del árbitro comenzó discreto, un par de infracciones a favor de CAI que no se cobraban, y las famosas divididas, todas a favor de Costa Brava.

Lo peor comienza a partir del primer cuarto de hora, con infracciones inexistentes, a la primera de falta sacaba amarilla, todo parecía indicar que la historia iba cada vez más peor.

En una oportunidad tuvo piedad y le sacó amarilla a Ezequiel Riera que lo bajó desde atrás a Luis Oyarzo, una infracción que tendrá una similar más adelante.

Corría el minuto 28 y la CAI lanzó una pelota para quedar mano a mano, Gonzalo Figueroa picó al espacio para llegar y acomodarse para rematar, pero el defensor que lo perseguía lo bajó antes de que llegue a la pelota, el arquero la reventó y el árbitro dejó seguir. Ni siquiera cobró falta. Acá es donde comenzó a gestarse el bochorno.

A los 37 minutos, y con la cancha híper inclinada, la CAI quedó abstraido por los fallos arbitrales y el equipo pampeano golpeó con el gol de Ramiro Fredes que conectó un buen cabezazo tras un centro de Agustín López. Tres minutos después, Fredes tuvo una oportunidad clara para aumentar la ventaja, pero su cabezazo se fue desviado, perdiendo una chance importante.

En el minuto 41, es lo último que veremos de esta final. Lautaro Ibarra ingresa al área con la pelota, ante la sombra de los defensores, el atacante se tira al piso buscando fabricar una falta y el árbitro, sin vacilar, cobró penal a favor de Costa Brava, fue la gota que rebalsó el vaso.

El enojo de los jugadores y cuerpo técnico de la CAI aumentó cuando uno de los suplentes, Federico Reyes, ingresó al campo y fue a reclamarle al árbitro, llevándose la expulsión de forma inmediata, seguido por Valentín Pesse.

En medio del clima tenso, el árbitro siguió expulsando a otros jugadores, hablamos de Gonzalo Figueroa, Maximiliano Paredes, José Vivanco y Matías Ávila, dejando un saldo total de 6 jugadores expulsados, lo cual impidió que continúe el partido por inferioridad numérica.

Incluso los efectivos policiales tuvieron que ingresar al campo para garantizar la seguridad de los árbitros. El partido estuvo detenido por casi media hora, con el detalle de que el árbitro Marcos Santos, junto con Nahuel Fogliati, Edgardo Riccitelli y Fabián Marani se retiraron tranquilamente luego de 11 minutos de que el partido esté detenido. Sin informar siquiera la conclusión del partido, como corresponde, dejando a los jugadores con la incertidumbre de saber que pasará con la definición del partido.

Finalmente, debido a las expulsiones y la falta de jugadores en el equipo de Comodoro, la CAI terminó con las manos vacías, siendo ultrajado, con la ilusión por las nubes y la impotencia de saber que no se puede hacer nada al respecto.

Tras la suspensión, los jugadores de Costa Brava se acercaron a su hinchada para celebrar, a pesar de ser testigos y cómplices de lo que sucedió en esta final que quedará manchada para siempre.