El club ubicado en el barrio Abel Amaya vivió una jornada inolvidable con la habilitación oficial del césped sintético y el moderno sistema lumínico en su cancha, una obra largamente esperada por la comunidad del barrio y que marca un antes y un después en la vida institucional.

La entidad tuvo sus raíces en la escuela de fútbol “Nicola Tula”. Aquella iniciativa fue el punto de partida para que, el 4 de enero de 1997, quedara formalmente constituido el club. Daniel “Palito” Brooks asumió como primer presidente y, en marzo de ese año, el equipo disputó su primer encuentro oficial en el predio del Club Deportivo Portugués. Meses después, en julio, la institución logró acceder al terreno que hoy ocupa y que se convirtió en el escenario de su crecimiento.
Los comienzos no fueron sencillos. Las prácticas se desarrollaban en el sector del Cordón Forestal, en un espacio que los propios chicos apodaron “la cancha de los caños rojos”. Con dedicación, trabajo voluntario y el acompañamiento de las familias, el proyecto fue consolidándose con el paso del tiempo.
Una etapa clave llegó en 2010, cuando Armando Tula y Rodrigo Cosignani ampliaron la propuesta deportiva. A partir de allí, el club sumó handball y posteriormente vóley, ampliando su alcance y fortaleciendo su rol social dentro del barrio.




A lo largo de los años, distintas gestiones municipales colaboraron con mejoras estructurales, entre ellas la construcción de vestuarios. Ahora, con la incorporación del césped sintético y la iluminación, la institución da un salto de calidad que permitirá optimizar entrenamientos, competencias y actividades en horarios nocturnos.
Durante la ceremonia, la Comisión Directiva anunció que el predio llevará el nombre de Estadio Armando Tula, en homenaje a uno de los principales impulsores del proyecto, reconocido por su compromiso con la formación deportiva y humana de niños y jóvenes.
La jornada reunió a vecinos, familias y referentes deportivos que celebraron un logro que comenzó como un sueño hace casi treinta años y que hoy se transforma en una realidad tangible, consolidando al Club Nueva Generación como un espacio fundamental de integración, aprendizaje y crecimiento comunitario.




